Thursday, May 05, 2011

Princesa Yuki y los ratones blancos


Daizen era un gran jugador de go, pero era un también hombre cruel y ambicioso. Poseía fortaleza y poder, pero era tan solo un aprendiz de estrategia.

Pretendía que Princesa Yuki pintara un Dragón para él. Quería que Princesa Yuki adornara con su arte el techo del famoso Pabellón de Oro. También quería conocer a través de ella el Amor. Al negarse Yuki, decidió torturarla y rugía con estas palabras:

- Te pido que pintes un dragón para mi, siguiendo los secretos del arte que aprendiste de tu padre, y te niegas a hacerlo. Te pido que me dejes conocer el Amor y que olvides tus deberes de esposa, y te niegas también a dármelo.

- Solo puedo pintar un dragón si encuentras el viejo rollo con el modelo de dragón con que mi padre pintaba...

- Si te doy un modelo, ¿pintarás para mi un dragón?


Entonces, alzando la espada con la que estaba dispuesto a matarla, un gran dragón brillante relució por un instante en el cielo.

El rostro de Princesa Yuki se iluminó al ver la espada de la muerte. No podía apartar sus ojos del gran Dragón Kurikara. Por fin conocía la Verdad acerca del asesino de su padre.

La espada de Daizen contenía el modelo perfecto para pintar el dragón del Pabellón de Oro. Princesa Yuki sabía que nunca había existido ningún rollo, solo la espada mágica de su padre. Cuando brilla el sol del amanecer, refleja a los dioses, y cuando brilla el sol del atardecer, refleja al gran dragón Kurikara.

Princesa Yuki sabía que el hombre que poseyera esa espada era el misterioso asesino de su padre. Daizen había matado al padre de Yuki para robarle la espada mágica.

- Tu no necesitas que pinté un dragón para ti. - Yuki se abalanzó sobre Daizén, llena de ira, con los ojos llorosos al descubir por fin quien había sido el asesino de su padre.

Él se desembaraza de ella, la empuja, ella cae al suelo.

- No solo deseo poder, sino amor. Tu padre no necesitaba para nada esta espada, solo le sirvió para pintar dragones dorados, pero yo... yo la necesito para conquistar el mundo. Me río de ti que has pasado todos estos años sufriendo sin saber quien lo había asesinado.

Los sirvientes de Daizen la atan con una cuerda.

- Atadla al árbol del cerezo. Será castigada después de que la vea sufrir. Será como un melocotón abierto cuando la parta con mi espada.

.....

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