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Sunday, February 10, 2013

Nicolás y la fuerza del sino: "Japón, geishas, sedas y grabados" en la Alhóndiga de Segovia


Sabía que Segovia era una ciudad especialmente bella para los corazones que callan, pero no pensé nunca que pudiera hablarme tanto a mi... 

Ayer visitaba Segovia y la Alhóndiga de la mano del pintor Nicolás Gless, el creador de la colección de arte japonés que se expone hasta el día 17 en sus salas, y la Belleza hablaba y hablaba en lugar de ser silenciosa. Nicolás hablaba y hablaba de sus objets d´art y a través de él hablaban las sedas crujientes de los obis y kimonos, los grabados mudos de Yoshitoshi o Chikanobu, y las porcelanas tintineantes de Imari y Satsuma. En el exterior la misma luz y elocuencia de piedras, paisajes y monumentos incontestables. Todos gritando historia: alcázar, catedral, acueducto, iglesias, calles de poetas.



© Amparo Carrasco

Japón: geishas, sedas y grabados japoneses es una magnífica, extensa y variada exposición que hará las delicias de todos los que quieran adentrarse en las artes tradicionales niponas. Se ofrece en la hermosísima y eterna Segovia solo hasta el día 17. Parece mentira que no haya sido más publicitada y apoyada por la prensa nacional y las instituciones de cara a su rotación, pues es una muestra particularmente didáctica (léase, educativa) para introducir al público español a las formas imperantes en el siglo XIX, y todo el periodo tardío que va desde 1870 hasta 1920, en que por primera vez Japón se abre a la apreciación estética de Occidente. 

Aunque bochornosamente en España nuestros Museos e historiadores del arte no han sabido todavía hacer la evaluación y presentación adecuada del valor de estos objetos históricos, en la cultura anglosajona (y en los Estados Unidos, especialmente) desde hace tiempo se ha sabido entender y explicar muy bien la importancia del período para entender la propia historia económica y cultural de los norteamericanos en relación a toda Asia y, en particular, la manera en que las obras de arte japonesas determinarán un nuevo modelo de belleza para la Modernidad de indiscutible influencia posterior. De ahí, por ejemplo, la recuperación bibliográfica y revalorización económica y museística de la obra de Chikanobu en los últimos años, de quien contamos precisamente con incomparables ejemplares en esta exposición.

Chikanobu Jugando a Hanetsuki

Que nuestros historiadores y gestores "locales" del arte no sepan leer y entroncar colecciones como ésta con nuestra propia tradición e historia artística habla solamente de su cerrazón cultural y de la habitual falta de globalidad e interculturalidad real a la hora de escribir la historia. Como diría Confucio, las universidades e instituciones españolas están demasiado llenas de "eruditos borrachos de tinta" en lugar de auténticos maestros. No habría que decir que el hecho de que el Comodoro Perry no fuera primo hermano de tu tío abuelo cacereño, pongamos por caso, no es justificación para obviar cómo nos afectó a nosotros un fenómeno cultural de tamaña trascendencia estética como fue la apertura de Japón a Occidente a partir de la intervención nortemericana. Pero los españoles somos así, arrogantes e irresponsables. Y así nos va la cosa, ya se sabe. Se pierden hilos de vida, datos, documentación y patrimonio, se pierde rigor intelectual, se pierden oportunidades y se pierden sobretodo las vidas y el talento de los que sí lo supieron ver.

Del japonismo a los bailes de Tórtola Valéncia, a las obras de Galdós, a la pintura de Sorolla, a la zarzuela o a los dibujos de Ismael Smith hay un paso, para quien lo sepa ver y sepa entenderlo. Pero para eso hay que trabajar y profundizar en una historia viva de las relaciones culturales entre naciones. Y para eso hay que estar vivo uno mismo, y en la universidad española –dónde se cuecen la mayor parte de los perfiles profesionales de los académicos y supuestos especialistas– no siempre es así. Ya va a ser un milagro que este año se celebren en España los 500 años de relaciones culturales –el Año Japón– prestando fiel atención a lo que es su verdadera esencia: la Embajada Keicho o nuestras relaciones con Asia gracias y a través de la tan denostada Iglesia.

Nicolás, el dueño y el artífice de este ensueño japonés por unos pocos días, es un genio y es un mago, y es sobretodo alguien que se deja llevar por la honestidad y la pasión de su gran amor. Podría decirse de él que su vida ha sido la de un Samuel Bing español. Esa es su fuerza y ese es su sino. La selección de  obras que vemos en las 3 salas responde a los "instintos básicos" habituales en todo gran coleccionista: oportunidad, curiosidad, milagro, salvamento.... Un deseo de cuidar, mimar, amar y preservar aquello que nos enamora evitando que desaparezca. Todos los grandes museos del mundo nacen de colecciones y pasiones como la de Nicolás. Su institucionalización está después para acabar de afinar, filtrar y animar el espíritu que ya llevaban escrito en origen. El de la Verdad de lo que fue.

Saturday, August 01, 2009

 
Toyonobu, c. 1740 

Wednesday, April 15, 2009

Como son los tanzakus

Te pedí que escribieras un solo verso que hablara de nosotros: del amor que te tengo, del que tu me das. 
Te lo hubiera devuelto, como son los tanzakus. Caligrafiado con tintas transparentes sobre nubes-dragones, envuelto en el papel oro y rojo de las mil generaciones, anudada la carta con los lazos de amor que nos unen, listo para que tu lo pudieras desenvolver y redescubrir nuestro amor, con tus propias manos, a una nueva luz.
Acariciadas tus palabras por mis manos que eternamente te esperan, por los pliegues y el silencio de mis gestos, por las horas de luz que metamorfosean todos los colores. Por todo lo más precioso que nace hacia dentro cuando te quiero feliz aunque no te pueda ver. 
Como son los tanzakus. 
Hay quien los cuelga de los árboles y los llama pájaros. 
Como son tanzakus –como pájaros libres– cuando nace una canción.

Tuesday, March 24, 2009

¿Soy una flor?



 ... se preguntaba ella, ante la peonía.

En mi escritorio desde hace ya casi un mes.

Thursday, March 19, 2009

Mujeres y flores

Un hombre al que quiero mucho no sabe por qué a las mujeres nos gustan tanto las flores. ¿Qué tenéis con las plantas y flores? Yo se lo he intentado explicar muchas veces; es una pregunta que se repite entre nosotros como las estaciones. Pero no se lo he sabido acabar de explicar, porque yo misma no puedo acabar de explicármelo, la verdad.

Hay un libro japonés titulado Las mujeres con caras de flores. Quizá esa sea la explicación.


 
 

Sunday, June 29, 2008
























Kirigirisu
Naku ya shimo yo no
Samushiro ni
Koromo katashiki
Hitori kamo nen

Saturday, June 07, 2008

The Snake at the Do-jo-ji Temple


THE FIRE SNAKE
Every year during the rainy season the pilgrim Anchin was welcomed into the home of a goodly peasant to rest on his way to the Dojoji Temple, deep in the mountains of Wakayama province. Each time, the good peasant would promise his daughter Kiyo-hime, princess of purity, that one day Anchin the monk would take her as his loving wife.

On one such visit when the lovestruck girl had grown up, she expressed her love to the young monk, who fled in alarm towards the Temple, hiding to escape her under its great sacred bell. Kiyo-hime, who had pursued the object of her love, fell into the waters as she tried to cross a river and was transformed into a Fire Snake. When the woman-snake reached the Dojoji Temple, she wrapped herself seven-fold full of pain and fury around the great sacred bell, dissolving it with the poor priest inside in her molten anger.

From that time on, the Dojoji Temple has had no bells and women are forbidden to enter. However, on certain days, a young woman visits the place, knocking on its door and lulling the monks to sleep with her songs and dancing. It is the spirit of the Fire-Snake, the ghost of Kiyo-hime, the maiden who had been spurned and tormented by her love and turned into the demon of a woman-snake because of her pain and anger.


This retelling of the story by Origlam

Sunday, May 25, 2008

Cartas robadas

Descubrí tu carta. De hecho, todas esas cartas. Tantas veces. Una y otra vez. Y cada vez el llanto más profundo, insondable. ¿Dónde estaba nuestro amor? ¿Qué decían tus secretos? ¿que amabas a otras? ¿que ibas a abandonarme? En secreto, lloraba al principio.

Después, los días, las tardes contigo parecían siempre primaveras. Doradas, sonrosadas, florecientes... al viento y al sol, por la mañana o en penumbras, sentados el uno frente al otro, unidos en aquella inmensa mirada eterna de un sueño enamorado, hecho de bahías, de lunas, de estrellas, de bosques y musgos y hiedras, de rosas, glicinias, peonías, anémonas, de obsidiana y de perlas, de frutas maduras, perfume y licor... mientras yo lloraba en silencio... en mi interior.

Traté al principio, calladamente, de adentrarme en tu amor imperfecto, de adivinar tus deseos, imaginando siempre que, en cuanto te dieras la vuelta o te separaras de mi cuerpo... ese rostro impenetrable y dulcísimo, de piel clara y transparente como un cuenco de porcelana, se transformaría en el hombre sin ojos, un hombre serpiente, apenas una mirada de perfil. El hombre que yo desconocía: cruel, egoísta, banal y vanidoso hasta la sinrazón. ¿Por qué yo no era suficiente? ¿Por qué nos traicionabas con otras, lamiendo otras hembras, devorando otros cuerpos? ¿Por qué destruías caprichosamente ese amor, mi amor, nuestro amor... el más tierno, recién nacido, acabado de nacer? Un amor así...

Y el día llegó, al fin, en que ya no supe guardar mejor el secreto de todas tus cartas robadas. Mi secreto, tu secreto, la Verdad de tus Mentiras. Me enfrenté a ti. Si hubiera tenido una criada, hubiera podido ser alimaña, usaría las artimañas que desde el principio de la historia cuentan los cuentos de amor. Hubiera secretamente utilizado a mi sirvienta para que te persiguiera en tus escapadas nocturnas, para que actuara de cicatera celestina de tus amoríos escondidos, para que me trajera la verdad. Pero éramos pobres y no había criadas, ni aliados, ni amigos. Tan pobre era nuestro amor frente a la Codicia de la Falsedad.

Y ese día, por querer solo saber, por tratar de que me revelaras el motivo, empezaste a destruirme. Necesitabas castigarme por haber desvelado el Secreto, que no su maldad. La maldad de tus actos todavía no puedo explicármela, ni siquiera hoy. Ni a día de hoy puedo llegar a entender tu codicia de cuerpos, tu hambre de amores, que me hayas castigado por ello, la ausencia de pureza en ti... sabiendo como sabías, desde el primer principio, de la inocencia absoluta de nuestro amor.

Te gustan las mujeres serpiente, las cortesanas, las bailarinas. Te gustan los caprichos golosos, la lujuria, la embriaguez de la seducción. Te emborrachas de tu propio veneno hecho música de cascabeles. Desde muy pronto, desde que eras niño, aprendiste a esconderte entre los pechos de las mujeres, a dejar que te acariciaran como a un efebo, a disimular la cobardía de tus propios actos entre los muslos de una mujer. ¿Por qué eres así?


¿Y quién soy yo? Apenas la mujer rota, la que se volvió loca, rota, doliente y herida. No puedes imaginar lo que han sido, lo que fueron, las noches enteras de tu ausencia con otras, la espera, mi miedo a que nunca regresaras, los celos, el sudor ansioso de la mañana siguiente, escuchar tus mentiras esculpidas, y al tener que escucharlas, la desesperación. En mi corazón ya sólo habitan sombras siniestras, dragones rugientes, fantasmas ensangrentados, y este veneno de tu Verdad enferma que me recorre la sangre, que empozoña mi aliento, y que debo expulsar.

Así esta noche me he desnudado para siempre de la seda que me quedaba. El kimono carmesí que me regalaste, lo quemé en nuestro patio, ardía lentamente entre las espigas húmedas de la noche. Quemaba lentamente, pero ardió hasta extinguirse, crepitando la seda gastada, la seda no ya crujiente sino manida por las lágrimas, las horas y las caricias perdidas de tus manos sobre mi. Lo que fue de nosotros, todo lo que yo fui.

Y hoy lloran lluvias los arces, los pinos. El bambú susurra nombres callados de Otras, entre los que se encuentra el mío, nombre sin nombre, cadáver para el olvido. Para siempre olvidarás todas las veces que corrí a encontrarte bellísima, con pasos pequeños, contra el espacio y el tiempo, soñándome en tus sueños, preparada para el Amor. Para siempre olvidarás todas las veces en que me arrojé a tus pies, suplicante, pidiéndote que no te marcharas, que no te fueras con ellas. Para siempre olvidarás y yo seré solo olvido, porque lo quisiste así.

Y hoy sólo queda, dentro de nuestra casa callada, el llanto color cian de tu crueldad.





Thursday, August 09, 2007

El libro del Kimono II

Hiinagata-bon (雛形本) es el nombre que recibían los libros de diseños de Kimonos (principalmente del tipo kosode) que los mercaderes ofrecían a sus clientes. Se inician en el periodo Edo (1603-1868) y el más antiguo de ellos es el Shinsen On-hiinagata (1667). Eran libros de modas, por decirlo a nuestra manera.

Los publicaban los comerciantes textiles de Kyoto para que sus clientes pudieran escoger el modelo a partir de catálogo. Normalmente son de pequeño tamaño (200 x 280mm-165 x 235mm), en grupos de 1 a 3, en blanco y negro con toques de color pintados a mano. En algunos de ellos colaboraron famosos artistas del ukiyo-e (Hishikawa Moronobu 菱川師宣 (c.1618-94), Nishikawa Sukenobu 西川祐信 (1671-1751), Yoshida Hanbei 吉田半兵衛 (fl.c.1660-92), Imura Katsuyoshi 井村勝吉, Tachibana Morikuni 橘守国 (1679-1748) and Ebishiya Tadashichi 絵菱屋忠七) y ocasionalmente incluían láminas de mujeres vestidas.

A diferencia de los kimonos del Noh, que eran bordados y con tipos de kimono y diseños de personaje muy establecidos, la moda del kosode era cambiante y seductora, a base de telas estampadas y con diseños a menudo asimétricos.

Utilizo como referencia algunos de estos grabados antiguos para pensar en posibles desarrollos de mis kimonos de papel, especialmente los presentados de manera plana, de espaldas, como postales. Los grabados antiguos a veces reflejan detalles relativos a los complementos del vestuario (obis, bolsitos, cajetines de tabaco). Es un buen ejercicio tratar de reconocer en ellos no solo el tipo de kimono según las mangas, sino cómo ubicar las decoraciones del estampado para un mayor efecto visual o los motivos preferidos para estas composiciones casi pictóricas (un río, objetos del kabuki, campos de flores).

Algunos kimonos se leen como si fueran un lienzo: como un verdadero paisaje.

Thursday, August 02, 2007

El libro del Kimono I

Igual que existe un libro secreto del origami, existen los libros del Kimono. Algunos eran manuales para los aficionados al Noh, y otros libros de mercaderes.

Los grabados de hoy pertenecen al Noh no zushiki (1697). Un libro publicado en huecograbado que se conserva en la New York Public Library como parte de la Spencer Collection, especializada en la historia de la encuadernación y el libro ilustrado de todos los países y culturas (su catálogo razonado se titula Dictionary Catalog and Shelf List of the Spencer Collection of Illustrated Books and Manuscripts and Fine Bindings, Boston: G.K. Hall, 1971. Print Room Desk; General Research Division Pub. Cat. 02-5876. Para solicitar materiales de la Spencer Collection: 212-930-0817; fax: 212-930-0530; e-mail: prnref@nypl.org).

Dentro de la historia del kimono japonés, el vestuario para el teatro Noh supone un capítulo aparte. En su origen, los kimonos utilizados por los actores Noh eran regalo de los mecenas o patrones, hombres nobles o bien soldados samurai según las épocas, por lo que solían ser trajes muy suntuosos. Más adelante el vestuario teatral se especializó, pero la costumbre del actor de recibir como obsequio de su patrón un kimono siguió siendo muy frecuente.

Los dos primeros kimonos que tenéis aquí (un surihaku o shirohaku y un atsuita) permiten observar, por ejemplo, el cierre cosido de las mangas y como la zona central del kimono se deja menos decorada, puesto que ha de coincidir con el obi (aunque el obi en el kimono Noh suele ser bastante simple, bajo y estrecho). Este tipo de diseño acabó siendo conocido como kata-suso, literalmente "mangas y costura", donde se ubicaba toda la decoración y estableció toda una moda para el mundo del kosode fuera del teatro.

El atsuita (segundo kimono del grabado) era un kimono inferior, para llevar debajo del otro kimono, el surihaku, y a pesar de eso fijaros cómo de decorado está. El surihaku, con un diseño más geométrico, podía llevarse debajo de otro kimono superior aún más lujoso, un kimono de personaje (karaoris o nuihakus), que se vestían caidos alrededor de la cintura y dejaban ver los detalles de apliqué dorado del surihaku.

El tercer kimono del grabado es un happi, un kimono para llevar por fuera, habitualmente de medida corta y que en este caso solía representar, con sus estampados de diamantes geométricos con flores incrustadas, las armaduras de los soldados. Las cintas inferiores permitirían hacer pasar varias piezas de ropa y las espadas cruzadas. El último kimono es un modelo particularmente espectacular por su doble ancho de mangas con cordones de cierre (nótese la doble costura en las mangas para unir dos paneles de tela en lugar de una sola medida), y es conocido como kariginu, uno de mis favoritos.

Referencias a las ilustraciones procedentes del libro, no muy bien escrito pero sí bien ilustrado y documentado, Japanese Costume de Alan Kennedy (Paris, Editions Adam Biro, 1990).

Saturday, July 07, 2007

¿Chino o japonés?


He rescatado esta imagen de un antiguo libro de mi abuela: una revista de modas francesa de hacia 1870 y pico. Muestra una fantasía oriental acerca de las japonesas. Varias capas del kimono superpuestas, un tocado con peinetas y agujas, los ojos rasgados de la mujer... Se utilizaba como cabecera de letra para los artículos literarios de la revista.

Es curioso, porque las formas de este y otros grabados antiguos que he encontrado y que se supone representan temas japoneses tienen un aire que yo diría es 'chinesco' (nótense las formas del marco alrededor de la mujer y esa nariz...¡griega!, Dios mío). Más bien tienen aires chinescos estos grabados antiguos. Un aire bien raro.

Los japoneses se supone que detestan a los chinos, así que no creo que les hiciera mucha gracia esta apropiación europea de su imagen, esta deformación. A menos que por aquella época el propio Japón estuviera plagado de influencias chinas y que los viajeros europeos fuera eso lo que podían ver. ¿Cómo la veis vosotros a ella? ¿Qué os hace pensar?

Ojo, no me robéis la foto. ¡Que va para colección! Vintage Japanese.

Sunday, June 24, 2007

El libro secreto del Origami

Lámina 22 de Senzaburo-Orikata (1000 Grullas de Origami) 1797.

El libro secreto del origami es el libro de las mil grullas. Se trata del libro de origami más antiguo que se conoce.

Lazlo, en California, increiblemente ha publicado en la Red escaneadas las 63 láminas y diagramas que lo componen. No sé de dónde debe haberlo sacado, ni por qué lo ha hecho. Entiendo que será una copia de uso personal que ha conseguido adquirir. Se me ocurre que no estaría mal tratar de conseguir una yo misma a través de EBay, Abebooks o Serendipity. Así como del famoso libro de Unamuno a través de alguna librería de anticuario.

El libro japonés parece contar una historia, acerca de como la grulla voladora fue capturada por el hombre. Y la conducta humana que esto conlleva. Parece un libro didáctico. Se ve una estampa increible, al principio, de un hombre a punto de trincharla con un cuchillo enorme. Y luego ya los diagramas y otras estampas sociales de grupos entreteniéndose a hacer origami, como la que veis.

Se ofrecen unos 40 diagramas de origamis complejos en que, de una grulla, cuelgan varias por derivación. Son diagramas difíciles de descifrar pero muy bellos. Se pueden encontrar ejemplos de como doblar figuras derivadas en varios libros modernos como Extreme Origami de Kunihiko Kasahara o en japonés Simple Paper Folding 2. Se trata de Grullas Siamesas.

En la imagen superior se observa una de estas figuras complejas depositada en el suelo. Los personajes, como es propio de la tradición japonesa, doblan las figuras en el aire, sin apoyos. Y depositados en el suelo, a la derecha de la niña que dobla, unos papeles cuadrados sin usar y acaso lo que parecería ser un plegador de hueso o unas tijeras.