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Monday, September 26, 2011

Boca de Jade

Una piedra quiso conocer el mundo
-todos los seres son sentientes-
Y al mundo solo quiso seguirla
La planta que crecía sobre ella.

Sobre la roca la planta derramaba
en el mundo todas sus lágrimas
- todos los seres son fieles
a su verdadera naturaleza -
Y en el mundo la roca conoció
lo que es ser piedra
Y llorar lágrimas
en el mundo de los hombres.

La planta solo sabía
Lo que es ser planta y es ser de agua,
Y tener que crecer sobre las piedras,
En el mundo de los hombres o en el cielo.

¿Y la roca?
La roca solo sabe
Lo que es ser de piedra y es ser de jade
Y tener que llorar lágrimas
En el mundo de los hombres y en el cielo.

Compasión.

Las gotas de agua ¿resbalan sobre la piedra?

Compasión.

Esta es la historia de Jia Baoyu, el hombre que nació con una piedra de jade en los labios.

Thursday, May 05, 2011

Princesa Yuki y los ratones blancos


Daizen era un gran jugador de go, pero era un también hombre cruel y ambicioso. Poseía fortaleza y poder, pero era tan solo un aprendiz de estrategia.

Pretendía que Princesa Yuki pintara un Dragón para él. Quería que Princesa Yuki adornara con su arte el techo del famoso Pabellón de Oro. También quería conocer a través de ella el Amor. Al negarse Yuki, decidió torturarla y rugía con estas palabras:

- Te pido que pintes un dragón para mi, siguiendo los secretos del arte que aprendiste de tu padre, y te niegas a hacerlo. Te pido que me dejes conocer el Amor y que olvides tus deberes de esposa, y te niegas también a dármelo.

- Solo puedo pintar un dragón si encuentras el viejo rollo con el modelo de dragón con que mi padre pintaba...

- Si te doy un modelo, ¿pintarás para mi un dragón?


Entonces, alzando la espada con la que estaba dispuesto a matarla, un gran dragón brillante relució por un instante en el cielo.

El rostro de Princesa Yuki se iluminó al ver la espada de la muerte. No podía apartar sus ojos del gran Dragón Kurikara. Por fin conocía la Verdad acerca del asesino de su padre.

La espada de Daizen contenía el modelo perfecto para pintar el dragón del Pabellón de Oro. Princesa Yuki sabía que nunca había existido ningún rollo, solo la espada mágica de su padre. Cuando brilla el sol del amanecer, refleja a los dioses, y cuando brilla el sol del atardecer, refleja al gran dragón Kurikara.

Princesa Yuki sabía que el hombre que poseyera esa espada era el misterioso asesino de su padre. Daizen había matado al padre de Yuki para robarle la espada mágica.

- Tu no necesitas que pinté un dragón para ti. - Yuki se abalanzó sobre Daizén, llena de ira, con los ojos llorosos al descubir por fin quien había sido el asesino de su padre.

Él se desembaraza de ella, la empuja, ella cae al suelo.

- No solo deseo poder, sino amor. Tu padre no necesitaba para nada esta espada, solo le sirvió para pintar dragones dorados, pero yo... yo la necesito para conquistar el mundo. Me río de ti que has pasado todos estos años sufriendo sin saber quien lo había asesinado.

Los sirvientes de Daizen la atan con una cuerda.

- Atadla al árbol del cerezo. Será castigada después de que la vea sufrir. Será como un melocotón abierto cuando la parta con mi espada.

.....

Tuesday, January 18, 2011

De la hoja de la morera



En el estado de Song un artesano esculpió en marfil hojas de morera para su señor. Le tomó tres años acabarlas. Tenían tallos y zarcillos, las había anchas y estrechas, grandes y pequeñas y tenían un color lustroso. Al ponerlas entre las hojas de morera reales no se podía apreciar la diferencia. El artesano fue premiado con una pensión por el señor de Song.

Cuando Lao Tsé conoció esta historia, pensó: "Si la tierra y el cielo hicieran sus hojas en tres años, entonces apenas habría cosas con hojas en el mundo." Por tanto, si descuentas los recursos del cielo y de la tierra y lo esperas todo de un solo hombre, o si descartas los principios y la razón para depender de la sabiduría de un solo hombre, eso será como hacer una sola hoja en tres años.

Han Fei Zi, C. XXI. Ilustraciones del pensamiento de Lao Tsé

Friday, September 04, 2009

A flower philosophy





La flor que sigue al sol lo hace incluso en días nublados

Había en mi jardín un crisantemo llamado "la lámpara del pescador". No es un faro que orientara a los pescadores, sino que la pequeña linterna iluminaba su barca en medio de la oscuridad. Él navega o pesca sin que se apague mi llama; la "lámpara del pescador" ahuyenta todo lo negro que rodea una barca en medio del mar. Mi pequeña luz brumosa es un pedazo de tierra firme para su corazón pequeño entre las olas. Los pescadores no son jardineros y no saben lo que son las flores. Nuestro amor no navega. Las flores no conocen el mar. Él no sabe a sal.

El sol que ilumina la flor lo hace incluso en días de tormenta.

Saturday, July 18, 2009

Muerte

Huyes, como el pulpo que se escurre. Como el agua que resbala entre las rocas cuando el mar se retira. Te preguntas si alguna vez fuiste roca, redonda. Si hubo plenitud o tan solo este deseo de muerte. Otra cosa que esta permanente agonía. Porque ¿de qué otra manera pueden las pescadoras de perlas lanzarse al mar?

El amante de la China del Norte



Esta historia podría haberla escrito Marguerite Duras, pero no es su historia. Es la mía, la escribo yo.

El amante de la China del Norte llegó como un enigma perfumado. Su nombre, hecho de sílabas que saltan y cuentan hasta 3. Con muchas "w" y "eis" y "ais" y "ons", quiere decir "el Gran Porqué". Mi dulce amante oriental "¿por qué llegaste perfumado con tu sonrisa de té?".

Él se parece al Principe Genji: cuida de sus damas con ternura. Porque supo –sabe muy bien– que una mujer es capaz de morir por amor –su madre murió así– y no quisiera que esa historia se repita conmigo.

Él te acaricia, amarillo; te lame, lychee; te hace crujir, como una langosta partida antes de sorberla; te pulsa, como un koto o un samisen. Toca mi cuerpo de noche sin ventanas, a oscuras sin ventanas, de noche sin ventanas, incienso de sexo y humedad. Recorre las lunas de mi cuerpo sin temor a cada meandro del Río Mujer. Recorre mis miedos, recorre mis sueños, recorre locuras... seda blanca y dragón. Medicina oriental para el corazón.

Un día el amante de la China del Norte me obsequió con sedas. Otro día hizo enviar papeles. En otra ocasión fueron té y porcelanas lo que envió. Ninguno de esos regalos era el más importante. Los chinos son bombásticos.

Un día me trajo un chubasquero y una camisa de hombre y me dijo: "Póntelos". Salimos a los cañizales a buscar palomas. Y me prometió que haríamos que saliera música de los pobres pájaros. "¿Un ave cometa e instrumento a la vez?" - le grité yo con deleite. Me reía, cómo me hacía reir con sus juegos alocados.

En la patita de las palomas atamos unos tubitos de bambú. Las palomas zumbaban volando por el aire. Con eso, el amante de la China del Norte domesticó mi dragón. Sigo persiguiendo palomas con los ojos aunque él no lo sepa. Y por ser mi amante, todavía le espero. Cada vez que veo una paloma, lo sé.

Friday, May 01, 2009

Entre Osaka y Mikasa hay un puente llamado "Si tu quieres". Solo un pobre hombre no sabría cruzarlo. 
Pero cuando se acercan las mareas del crespúsculo, la costa se borra y el puente desaparece.
Ella pensaba que, si las aguas seguían creciendo, no podría cruzar. El pánico la hizo volar... Esta historia podría haberla escrito la cortesana Sarashina.
Los que consiguen cruzarlo conocen Osaka "la colina de los encuentros".  Cantan toda la noche, para recordar con cariño el camino de regreso.

Wednesday, April 15, 2009

Como son los tanzakus

Te pedí que escribieras un solo verso que hablara de nosotros: del amor que te tengo, del que tu me das. 
Te lo hubiera devuelto, como son los tanzakus. Caligrafiado con tintas transparentes sobre nubes-dragones, envuelto en el papel oro y rojo de las mil generaciones, anudada la carta con los lazos de amor que nos unen, listo para que tu lo pudieras desenvolver y redescubrir nuestro amor, con tus propias manos, a una nueva luz.
Acariciadas tus palabras por mis manos que eternamente te esperan, por los pliegues y el silencio de mis gestos, por las horas de luz que metamorfosean todos los colores. Por todo lo más precioso que nace hacia dentro cuando te quiero feliz aunque no te pueda ver. 
Como son los tanzakus. 
Hay quien los cuelga de los árboles y los llama pájaros. 
Como son tanzakus –como pájaros libres– cuando nace una canción.

Wednesday, April 08, 2009

Si los cerezos fueran azules


No sufriría por tu amor.

Mis lágrimas recorrerían
sus ramas
             como savia.

Los lotos crecerían
en los árboles,
no del fango
            cienagoso.
(el estanque se ha secado)

La última rana
           caprichosa
abandonaría
el jardín.

Wednesday, February 11, 2009

Cartas de amor

© Origlam 2009




que nunca escribiremos.

Tuesday, February 10, 2009

Cuento de amor, tranquilo, solo te estás muriendo. 
MG

Monday, February 09, 2009

Tengo una muñeca





 

Las tardes felices, las tardes azules en penumbra, tendidos en tu lecho. Las caricias, los secretos pronunciados: Te quiero, No te olvidaré nunca, Eres mi amor,... Apartas dulcemente cintas, lazos, flores en mi pelo. Tu cuerpo transmutado. Vierte deseos.  La tarde era azul, el sueño era azul. 

Nunca más se repitieron. Llegan las noches. Irrumpen las noches, oscuras. Se repiten los golpes, con cualquier excusa. Se repiten palabras ariscas, si hago algo que no te gusta. Se repiten los empujones, los zarandeos, el descuido de cabello o atuendo, la monstruosidad. Se repite todo lo que está mal.

Desaparecieron tus besos, con vuelo de golondrinas, sobre mis párpados entreabiertos. Se borraron tus manos, con vuelos de mariposa, sobre mi piel blanca en tu lecho, vuelta azul a tu luz. Se marcharon tu tambor, el trote de tu caballo, las bridas doradas que me ponías nada más entrar en la casa. Desparece tu habitación dando vueltas en mi cabeza. Apoyada contra la pared, tus besos, tus manos, recorriéndome por última vez sin que ya te vea, me recordaron alguna vez, que existo, haciéndome completa mente presente.  Aniversario. Desaparece hoy para siempre tu habitación azul.



Saturday, September 06, 2008

En un jardín japonés

Ayudamos a la naturaleza a crecer. Con nudos y retenes que todo lo transformaban. Crecían los árboles y crecerán los pinos apoyados en todo lo que les di. Un árbol lloraba, y el otro gemía, y el otro se lamentaba por los brotes que todos aquellos retenes impedían. Pero todos, todos ellos se doblegaban, se retorcían, adoptando las formas más apropiadas. Su verdadera naturaleza. Árbol de pino ¿crecerás bien así, en el invierno, cuando la nieve te pese en las ramas y tus troncos crujan, con todo su peso, apoyado en mi?


A veces acariciamos a la naturaleza. Poníamos estopa, lienzos, mallas para evitar que el nudo así aplicado estropeara la madera mientras toma su forma. También para abrazar a aquellos troncos más viejos y frágiles, los más quebrados, aquellos que se abrían y desgajaban como una fruta abierta o como un cuerpo desgarrado, doloridos, resquebrajados por su propia naturaleza, antigua, seca o desgastada. Evitaríamos así cualquier tipo de cicatrices y lentamente el cuerpo del tronco del pino se cerraría sobre si: se hacía más fuerte, más compacto, se curaba. Esto podía durar cien años.


Ser tronco y ser de pino no es fácil. Árbol del pino, ¿no te gustaría más ser como el bambú? ¿Tan fuerte y tan flexible como es el bambú, que baila y que canta con el aire? ¿Que sopla y susurra por la noche, con el agua, con el viento? ¿Que roba y a la vez retiene, de la Tierra, toda su fuerza para existir?





Árbol del pino, a ti, en cambio, te tocó ser un árbol recio y seco, de agujas oscuras y afiladas. Noble, siempre tan noble, siempre tan seco. En ti y a través de ti solo silba el aire, ya no susurra. A través de finas agujas afiladas.



Árbol del pino, viejo tronco desgarrado, siempre recordarás a la chica del bambú, entre cuyos tallos tiernos y sensibles te podías sentir acunado. Árbol del pino echarás de menos sus caricias, sus murmullos. Porque los bosques de pino no crecen nunca entre el bambú. Aunque algunos jardineros intenten lo contrario.




Friday, June 27, 2008

La casa


Abrimos todas las ventanas de nuestra casa... abriste todas las puertas correderas de papel de arroz... pero no era posible borrar la malevolencia. Tu sigues atrapado entre sus paredes, su espíritu maléfico no puede ser desterrado de ella. No eres capaz de ver el jardín más allá. Nunca supiste ver tampoco las flores en la alcoba.

Después quisimos realizar un ritual sintoísta para poder limpiarla, quemando ramas alrededor del recinto y barriendo el polvo hacia fuera. Ni aún así era posible borrar del lugar la fuerza de la tierra. No, tu apego malévolo.

Habría que desmontarla como los templos budistas, que cada cien años se destruyen y se vuelven a construir madera a madera. Entretanto su espíritu murió. El jardín se iba abandonando y desaparecía entre la naturaleza. Muchas plantas dejaron de florecer y el agua dejó de correr rumorosa.

Su alma vaga hoy perdida por tu culpa, atravesando noches y campos calurosos, de chillido en chillido, en el grito traspasado de los grillos que no cesan. Que se llaman y no se encuentran.

Sunday, June 08, 2008

La serpiente de fuego


© fotografía de Manuel Granados, muñecas Origlam 2008

Arde la mujer y un músico de Noh seguirá tocando. Se repite inmemorial, en el templo del teatro japonés, la historia de la serpiente de fuego.

Perece la mujer, pero vive para siempre un músico. No el músico Noh, sino su tambor. El tambor eterno de Noh que sonaba por la salvación de las almas.

Muere esta mujer, pero el tambor del amor seguirá sonando. No el suyo, no para Él, ese monje cobarde escondido en una campana sagrada. Él jamás escuchó el tambor. Por eso jamás podrá ser Baile, Música. Fuego.

Su historia es la de Ella. Él nunca podrá Ser. Nada es lo que es en la Nada.


The woman burns and a Noh musician will continue playing. The legend of the fire serpent repeats itself, immemorial, in the temple of Japanese theatre.

The woman perishes, but a musician lives on for ever. Not the Noh musician, but his drum. The ever-living Noh drum that sounded for the salvation of souls.

This woman dies, but the drum of love will continue to beat. Not His, not for Him, that cowardly monk concealed in a sacred bell. He never heard that drum. And so he will never be able to become Dance, Music, Fire.

His story is that of Her. He will never be able to Be. Nothing is what it is in Nothingness.




Saturday, June 07, 2008

The Snake at the Do-jo-ji Temple


THE FIRE SNAKE
Every year during the rainy season the pilgrim Anchin was welcomed into the home of a goodly peasant to rest on his way to the Dojoji Temple, deep in the mountains of Wakayama province. Each time, the good peasant would promise his daughter Kiyo-hime, princess of purity, that one day Anchin the monk would take her as his loving wife.

On one such visit when the lovestruck girl had grown up, she expressed her love to the young monk, who fled in alarm towards the Temple, hiding to escape her under its great sacred bell. Kiyo-hime, who had pursued the object of her love, fell into the waters as she tried to cross a river and was transformed into a Fire Snake. When the woman-snake reached the Dojoji Temple, she wrapped herself seven-fold full of pain and fury around the great sacred bell, dissolving it with the poor priest inside in her molten anger.

From that time on, the Dojoji Temple has had no bells and women are forbidden to enter. However, on certain days, a young woman visits the place, knocking on its door and lulling the monks to sleep with her songs and dancing. It is the spirit of the Fire-Snake, the ghost of Kiyo-hime, the maiden who had been spurned and tormented by her love and turned into the demon of a woman-snake because of her pain and anger.


This retelling of the story by Origlam

Sunday, May 25, 2008

Cartas robadas

Descubrí tu carta. De hecho, todas esas cartas. Tantas veces. Una y otra vez. Y cada vez el llanto más profundo, insondable. ¿Dónde estaba nuestro amor? ¿Qué decían tus secretos? ¿que amabas a otras? ¿que ibas a abandonarme? En secreto, lloraba al principio.

Después, los días, las tardes contigo parecían siempre primaveras. Doradas, sonrosadas, florecientes... al viento y al sol, por la mañana o en penumbras, sentados el uno frente al otro, unidos en aquella inmensa mirada eterna de un sueño enamorado, hecho de bahías, de lunas, de estrellas, de bosques y musgos y hiedras, de rosas, glicinias, peonías, anémonas, de obsidiana y de perlas, de frutas maduras, perfume y licor... mientras yo lloraba en silencio... en mi interior.

Traté al principio, calladamente, de adentrarme en tu amor imperfecto, de adivinar tus deseos, imaginando siempre que, en cuanto te dieras la vuelta o te separaras de mi cuerpo... ese rostro impenetrable y dulcísimo, de piel clara y transparente como un cuenco de porcelana, se transformaría en el hombre sin ojos, un hombre serpiente, apenas una mirada de perfil. El hombre que yo desconocía: cruel, egoísta, banal y vanidoso hasta la sinrazón. ¿Por qué yo no era suficiente? ¿Por qué nos traicionabas con otras, lamiendo otras hembras, devorando otros cuerpos? ¿Por qué destruías caprichosamente ese amor, mi amor, nuestro amor... el más tierno, recién nacido, acabado de nacer? Un amor así...

Y el día llegó, al fin, en que ya no supe guardar mejor el secreto de todas tus cartas robadas. Mi secreto, tu secreto, la Verdad de tus Mentiras. Me enfrenté a ti. Si hubiera tenido una criada, hubiera podido ser alimaña, usaría las artimañas que desde el principio de la historia cuentan los cuentos de amor. Hubiera secretamente utilizado a mi sirvienta para que te persiguiera en tus escapadas nocturnas, para que actuara de cicatera celestina de tus amoríos escondidos, para que me trajera la verdad. Pero éramos pobres y no había criadas, ni aliados, ni amigos. Tan pobre era nuestro amor frente a la Codicia de la Falsedad.

Y ese día, por querer solo saber, por tratar de que me revelaras el motivo, empezaste a destruirme. Necesitabas castigarme por haber desvelado el Secreto, que no su maldad. La maldad de tus actos todavía no puedo explicármela, ni siquiera hoy. Ni a día de hoy puedo llegar a entender tu codicia de cuerpos, tu hambre de amores, que me hayas castigado por ello, la ausencia de pureza en ti... sabiendo como sabías, desde el primer principio, de la inocencia absoluta de nuestro amor.

Te gustan las mujeres serpiente, las cortesanas, las bailarinas. Te gustan los caprichos golosos, la lujuria, la embriaguez de la seducción. Te emborrachas de tu propio veneno hecho música de cascabeles. Desde muy pronto, desde que eras niño, aprendiste a esconderte entre los pechos de las mujeres, a dejar que te acariciaran como a un efebo, a disimular la cobardía de tus propios actos entre los muslos de una mujer. ¿Por qué eres así?


¿Y quién soy yo? Apenas la mujer rota, la que se volvió loca, rota, doliente y herida. No puedes imaginar lo que han sido, lo que fueron, las noches enteras de tu ausencia con otras, la espera, mi miedo a que nunca regresaras, los celos, el sudor ansioso de la mañana siguiente, escuchar tus mentiras esculpidas, y al tener que escucharlas, la desesperación. En mi corazón ya sólo habitan sombras siniestras, dragones rugientes, fantasmas ensangrentados, y este veneno de tu Verdad enferma que me recorre la sangre, que empozoña mi aliento, y que debo expulsar.

Así esta noche me he desnudado para siempre de la seda que me quedaba. El kimono carmesí que me regalaste, lo quemé en nuestro patio, ardía lentamente entre las espigas húmedas de la noche. Quemaba lentamente, pero ardió hasta extinguirse, crepitando la seda gastada, la seda no ya crujiente sino manida por las lágrimas, las horas y las caricias perdidas de tus manos sobre mi. Lo que fue de nosotros, todo lo que yo fui.

Y hoy lloran lluvias los arces, los pinos. El bambú susurra nombres callados de Otras, entre los que se encuentra el mío, nombre sin nombre, cadáver para el olvido. Para siempre olvidarás todas las veces que corrí a encontrarte bellísima, con pasos pequeños, contra el espacio y el tiempo, soñándome en tus sueños, preparada para el Amor. Para siempre olvidarás todas las veces en que me arrojé a tus pies, suplicante, pidiéndote que no te marcharas, que no te fueras con ellas. Para siempre olvidarás y yo seré solo olvido, porque lo quisiste así.

Y hoy sólo queda, dentro de nuestra casa callada, el llanto color cian de tu crueldad.